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A la Comunidad Ignaciana

¡Cristo ha resucitado!

Dos mujeres, muy de madrugada, emprenden el camino del sepulcro, cargando con los perfumes para embalsamar, movidas por el amor. Van pensando en cómo van a hacer para quitar la piedra de entrada. Se encuentran con tremenda sorpresa: la enorme piedra está quitada, y hay un mensajero que les informa que Jesús de Nazaret no se encuentra entre los muertos que ha resucitado. Su mensaje para los seguidores es que lo busquen en Galilea.

Buscarlo en Galilea, en su origen, allá donde todo comenzó. Si se quiere encontrar al Resucitado, se tiene que volver a los pasos de su vida. Hay que recorrer con él los caminos de Galilea, en donde pasó haciendo el bien, curando, liberando de la opresión a los encadenados, dando vista a los ciegos, devolviendo la dignidad a los pobres y excluidos, sembrando vida y abriendo horizontes de un reino en donde todos podamos relacionarnos como hermanos.

Con el Resucitado, tenemos solamente una forma de vivir, y es dando vida, poniendo vida, defendiendo la vida, poniéndonos al lado de los crucificados de hoy; al lado de las innumerables víctimas de la violencia en nuestro país y de sus familias; al lado de las personas caídas en las manifestaciones del 2017; al lado de los masacrados recientemente en el retén de Valencia; al lado de los encarcelados indefensos; al lado de los que no tienen pan ni techo, ni medios de salud ni escuela. Como dice el poeta:

¡Es Pascua, el paso de Dios por nuestro mundo

lavando las heridas,

sembrando esperanza,

levantando la vida,

llenando de semillas nuestras alforjas vacías!

Que tu corazón se llene de esperanza y alegría, hoy y siempre, sabiendo que Cristo murió, pero resucitó. Demos luz y esperanza a todos en nuestra Comunidad Ignaciana y en nuestras vidas.
¡Que tengas una Pascua muy feliz llena de luz alegría!

Con mis oraciones y mejores deseos

Jesús Orbegozo S.I.

Rector

 
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