Al Educador Ignaciano

 

Al comienzo de este nuevo año, quiero hacer un reconocimiento a todos los educadores del Colegio que con su esfuerzo y dedicación, del día a día, han hecho y siguen haciendo posible que se mantenga firme la Misión del Colegio.

No gozamos hoy de un horizonte claro de país, ni tampoco tenemos la respuesta más adecuada para lograr seguir siendo una institución que forme jóvenes conscientes de su realidad, competentes, con la sensibilidad necesaria para comprometerse en la transformación de nuestra sociedad en paz y justicia. Este sigue siendo nuestro gran reto.

Para ser coherentes con nuestra Misión y con nuestra responsabilidad, nos corresponde continuar dando pasos para profundizar en nuestra identidad ignaciana, con sabiduría, con tenacidad y con audacia, dando nuestra contribución a la construcción de Venezuela, para que todos podamos sentarnos en la misma mesa, sin exclusión alguna.

En esta gran tarea educativa, hay actitudes y cualidades personales que nos definen como educadores ignacianos:

 

  1. Acogida, que sale al encuentro de sus alumnos, los busca, con un gesto de profunda acogida.
  2. Discernimiento, para que los alumnos se entiendan a sí mismos, que comprendan lo que les acontece, a entender su entorno, a prepararlos para que vayan haciéndose responsables de sus vidas.
  3. Presencia, estando siempre al lado del alumno, acompañando, escuchando, dando vida a tanta soledad.
  4. Testimonio, con coherencia entre lo que hablamos y actuamos, mostrando lo que uno es, lo que uno cree.
  1. Respeto, con un profundo respeto al niño y al joven, evitando todo tipo de humillación y maltrato. A su vez, somos personas que requerimos ser igualmente respetados.
  2. Confianza, llamados a generar en el entorno colegial un clima de confianza, de amor y de alegría.
  3. Servicio, que nace del agradecimiento por lo mucho que recibimos en la vida.
  4. Competencia, formados en nuestro campo profesional, actualizándonos constantemente en las competencias específicas de nuestra profesión.
  5. Personas de fe, llamados a reflejar nuestra vivencia y compromiso de fe en la constante interrelación con los educandos, más allá de la trasmisión de conocimientos.
  6. Personas integrales que comportan un modo de ser, un modo de vivir y un modo de actuar.

Educar es un modo de acercarse al niño y al joven, con mucho respeto y amor, para que desarrollen todas sus potencialidades y se realicen como personas en plenitud. Al educador le toca dinamizar las ricas energías dormidas de niños y jóvenes, y ayudar a abrir las inmensas posibilidades que encierran.

No se puede educar sin que exista un clima de confianza, de amor y de alegría. No se puede educar sin humor y sin gozo. Para nuestra misión, debemos tener una sólida fortaleza que aguante los embates de la rutina diaria y para las situaciones que requieran serenidad y firmeza. Fortaleza que debe de ir acompañada de profunda sabiduría que nace tanto de la inteligencia como del corazón compasivo, para discernir el mejor camino a seguir. Y unidos al maestro Jesús, en nuestras preocupaciones, sintamos predilección por los pequeños, por los débiles e indefensos.

Con todo el reconocimiento y con el corazón agradecido.

Jesús Orbegozo, S.I.

Rector

Caracas, enero de 2019

 
logo95aos.png
Powered by EduWeb © 2019