Palabras del Rector

Domingo 26-7-2020 17TO/A
TEXTOS: 1Re 3, 5-13; Rm 8, 28-30; Mt 13, 44-52

Llegamos al final del curso escolar y de las misas ignacianas. Misa de agradecimiento por el curso 2019-2020.

El modo que tiene Jesús de llamar la atención de los discípulos es relacionar el Reino con realidades sumamente apreciadas por los oyentes. Hoy el evangelio nos presenta varias de ellas. Voy a tratar de presentar las dos primeras: la del tesoro escondido y la de la perla preciosa.  Comienzan ambas con la frase de “el Reino de los cielos se parece a…”. Los objetos a los que se le parece son un tesoro y una perla, los dos de gran valor. Tanto es así que cada uno pone en venta todo lo que tiene para comprarlas. No dudan un instante para tomar la decisión.  El Reino para aquellos que lo descubren, es un tesoro, una perla fina, de un valor absoluto, que llena las expectativas más profundas de las personas, y por el que merece darlo todo lo que uno tenga. 

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Domingo 19-7-20
Textos: Sab 12,13. 16-19; Rm 8, 26-27; Mt 13, 24-43

El Evangelio de este domingo nos presenta tres parábolas: el trigo y la cizaña, la semilla de mostaza y la levadura. Llama la atención que Jesús cuando quiere comunicar lo que en verdad significa el Reino acuda a una parábola, que esté al alcance de la comprensión de todo el mundo, especialmente de la gente más sencilla. Están extraídas de la experiencia cotidiana de la gente común. Me voy a concentrar en las dos últimas, breves y sencillas, y que, sin embargo, presentan gran profundidad para entender lo que significa el Reino de Dios.

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Domingo 21-6-20 1 XII TO/A Día del Padre
Textos: Jer 20, 10-13; Rm 5, 12-15; Mt 10, 26-33

Hoy se celebra el día del PADRE. Felicitaciones y una oración con el deseo profundo de que se asuma la presencia y compromiso de ser en verdad padres, que manifiesten la responsabilidad, el amor y cuidado para con su esposa, sus hijos e hijas.

Junto a la celebración gozosa y agradecida del anuncio de José Gregorio Hernández como Beato, seguimos en el país con una situación sumamente grave: quiebre de las instituciones ciudadanas y del estado de derecho, empobrecimiento creciente, incertidumbre y amenaza del Covid-19 que nos mantiene confinados en casa en el cuarto mes.

¿Qué podemos decir sobre la situación que estamos viviendo desde la fe, iluminados por los textos de las lecturas de hoy? El Evangelio de hoy comienza con un llamado a no tener miedo. Jesús insiste a sus seguidores a que no tengan miedo: “No teman a los hombres”. Estas palabras de Jesús se repiten en diversos contextos del evangelio. 

No nos debe sorprender que sintamos miedo ante un peligro real, que en estos momentos es parte de la cotidianidad de uno. Hay un miedo sano, en tanto nos pone en alerta y nos permite reaccionar para tomar la vida con mayor sentido y seguridad. Sin embargo, hay miedos que nos hacen daño, pues nos paralizan y nos detienen e inhiben, anulando nuestra creatividad y ahogando nuestra posibilidad de amar. No pocos estamos en este estado de miedo instalado en nuestros corazones.

La fe no es un remedio psicológico para combatir los miedos. No podemos resolver los problemas desde una fe ingenua, pues debemos estar conscientes de la fuerza del mal que está operando en nuestra cotidianidad. Pero desde la fe profunda estamos conscientes de que no estamos solos y abandonados. 

  • Esta fe se traduce en la confianza radical en un Dios Padre que con su amor sin condiciones y su lealtad, nos ofrece el fundamento para afrontar los miedos y construir la vida con justicia y paz.

  • Esta fe firme en Dios no lleva a evadirnos o a una pasividad ante la situación que vivimos, sino a tomar decisiones y asumir responsabilidades con coraje. Nos hace capaces de asumir riesgos y renuncias para mantenernos fieles a nosotros mismos con dignidad. 

  • Esta fe fundamenta la audacia y creatividad que nos demanda la Venezuela que pretendemos construir.

  • Esta fe en Dios llena el corazón de fuerza para vivir con generosidad y nos dispone a asumir los riesgos.

  • Esta fe confiada en Dios es piso firme para superar las actitudes de cobardía para luchar con audacia y libertad contra las injusticias y maltratos presentes.

 

Desde esta fe, estamos llamados a proclamar el mensaje fundamental del Evangelio: “…lo que les digo de noche, repítanlo en pleno día, y lo que les digo al oído, pregónenlo desde las azoteas”. Debemos ser testigos de la verdad que ilumina la situación, que en Venezuela todos somos hermanos, hijos de un mismo Padre; que solo el amor construye y que el odio mata, divide y destruye. Si queremos una Venezuela en la que quepamos todos en paz, debemos desterrar el odio y el revanchismo de nuestros corazones. Tendrá que haber espacios e instancias para la justicia para que se aclaren los crímenes, pero la actitud personal debe ser de humilde apertura y de reconocimiento de los pecados sociales en los que hemos estado envueltos. 

Necesitamos vivir con esperanza y con una fuerza que dé sentido al quehacer diario, a las luchas y compromisos. Necesitamos una verdad que nos fundamente para vivir y una confianza amorosa para morir. Nos tenemos que convencer de que todos somos necesarios, y agradezcamos la inmensa generosidad de toda la gente que nos acompaña en la construcción de una convivencia digna y pacífica. Seguro que el Beato José Gregorio Hernández tiene en su corazón y en sus manos su país, por el que tanto trabajó para que tuviera vida. Confiemos en su ayuda para vivir en verdad y esperanza.

Escuchemos de nuevo las palabras de Jesús: “No tengan miedo”. La fe profunda con la que hemos sido regalados es fuerza contra todo miedo, audacia para seguir creyendo, compromiso para luchar por la justicia y confianza sin condiciones en el Padre que nos acoge a todos, sin exclusiones, como hijos e hijas. 

 

TAREA:

  1. Contemplación. Lean y recorran el texto del Evangelio y extraigan las palabras que les resuenan.

  2. Examen. Recorran los siete pasos propuestos y se detiene a examinar aquél que sea un reto para ustedes.

 

DEL EVANGELIO DE MATEO (10, 26-33)

No les tengan miedo. Pues no hay nada encubierto que no haya de ser descubierto, ni oculto que no haya de saberse.  Lo que yo les digo en la oscuridad, díganlo ustedes a la luz; y lo que oigan al oído, proclámenlo desde los terrados.  Y no teman a los que matan el cuerpo, pero no pueden matar el alma; teman más bien a Aquel que puede llevar a la perdición alma y cuerpo al lugar del castigo.  ¿No se venden dos pajarillos por un as? Pues bien, ni uno de ellos caerá en tierra sin el consentimiento del Padre.  En cuanto a ustedes, hasta los cabellos de su cabeza están todos contados.  No teman, pues; ustedes valen más que muchos pajarillos. Por todo aquel que se declare por mí ante los hombres, yo también me declararé por él ante mi Padre que está en los cielos; pero a quien me niegue ante los hombres, le negaré yo también ante mi Padre que está en los cielos. 

 

ORACIÓN   DEL SALMO 27

 

El Señor es mi luz y mi salvación, ¿a quién temeré?

El Señor es el refugio de mi vida, ¿por quién he de temblar?

Aunque acampe contra mí un ejército, mi corazón no teme;

aunque estalle una guerra contra mí, estoy seguro en ella.

 

Que el Señor me dará cobijo en su cabaña en día de desdicha;

me esconderá en lo oculto de su tienda, sobre una roca me levantará.

Dice de ti mi corazón: «Busca su rostro».

Sí, Señor, tu rostro busco: No me ocultes tu rostro.

No me abandones, no me dejes, Dios de mi salvación.

 

 Si mi padre y mi madre me abandonan, el Señor me acogerá.

 Enséñame, Señor, tu camino, guíame por senda llana,

¡Ay, si pudiera contemplar el rostro del Señor en la tierra de los vivos!

 Espera en el Señor, ten valor y firme corazón, espera en el Señor. 

 

Domingo, 12-7-20 XV/TO A
Textos: Is 55, 10-11; Rm 8,18-23; Mt 13, 1-23

El evangelio de hoy presenta la parábola del Sembrador.  Jesús sale de la casa donde se hospedaba, se sienta a la orilla del lago, y la gente comienza a reunirse en torno a él.  Es tanta la multitud que se reúne, que Jesús se ve obligado a subirse a una barca para dirigirse a la gente que le escucha desde la orilla. 

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Domingo 5-07-20 14TO/A
Textos: Zac 9, 9-10; Rm 8, 9. 11-13; Mt 11, 25-30

La eucaristía es siempre un clamor de esperanza. Las lecturas de hoy dan fe de esta esperanza. La primera lectura tiene un arranque que da la tónica a esta la celebración: ¡Alégrate sin límites… da gritos de júbilo…! (Zac 9, 9-10) El evangelio nos muestra a Jesús orando al Padre, expresando su alegría.

El contexto de esta escena del evangelio es el del regreso de los 72 discípulos de la misión que Jesús les había encomendado de proclamar el Reino. Ellos llegan eufóricos y llenos de buenas noticias. Jesús es tocado por el entusiasmo de ellos, y se dirige al Padre con la exclamación: “¡Te doy gracias, Padre, Señor del cielo y tierra, porque has escondido estas cosas a los sabios y entendidos, y las has revelado a la gente sencilla. Gracias, Padre, porque así te ha parecido bien!”.  Jesús manifiesta su alegría porque el Reino del Padre se va haciendo realidad.  La gente se va liberando de los miedos y de los demonios que los atenazan. El mundo se va volviendo más humano, más vivible, más fraterno. 

Jesús se alegra porque la gente sencilla entiende y recibe el mensaje del Reino. La Buena Noticia es para todos; no está reservada para una casta de intelectuales estudiosos, ni para teólogos ilustrados. Está abierta a todos, y nadie queda excluido.  Para llegar al Reino, no hay que saber mucha doctrina ni teología, sino tener el corazón abierto y libre de todo lo que nos puede desviar y atar.

El evangelio contiene tres llamadas que son muy apropiadas para nuestros días. La primera, “Vengan a mí, todos los que están fatigados y agobiados por la carga, y yo los aliviaré”. Está dirigida a todos los que viven su vida y su religión como una carga pesada, los que tienen siempre presente su pecado y no conocen la alegría del perdón de Dios sin límites. Está dirigida a los afligidos, los desposeídos, los que tienen hambre y sed de justicia, los que trabajan por la paz, los perseguidos por causa del bien, a los que reciben injurias y son calumniados, a todos los que padecen prisión injustamente. Todos ellos disfrutan de la presencia y del favor de Dios. La vida que nos propone Jesús es de encuentro y de alegría, y su seguimiento es respuesta gozosa.

La segunda llamada: “Tomen mi yugo pues es llevadero y mi carga es ligera”.  Nos propone asumir un nuevo yugo, su yugo, y cambiar de carga. El yugo sirve para emparejar a los caminantes, y en este caso sirve para caminar codo a codo con Jesús. Propone, también, cambiar la carga: cambiar el afán de poder por el servicio entusiasta; el afán de lucro sin medida por la generosidad solidaria; la prepotencia excluyente por el reconocimiento y respeto; el odio y revanchismo por el amor y reconciliación. Jesús no agobia a nadie, sino más bien libera de cargas pesadas, pues nos propone vivir de modo más humano, haciendo una vida digna y libre. Nos libera de los miedos y de una vida triste; despierta en nosotros confianza y siembra en nuestros corazones amor generoso.

La tercera llamada: “Aprendan de mí que soy manso y humilde de corazón y encontrarán descanso”. Aprender de él, de cómo se relacionaba con la gente, cómo era su sensibilidad frente al sufrimiento, de su compasión para que la gente recobrara su dignidad.  Es una invitación a vivir como Él.  Hay que reconocer que no estamos familiarizados suficientemente con Jesús, y del modo como él vivió. Para superar este desconocimiento se hace necesario acercarnos a los Evangelios. Propongo que comencemos con una lectura pausada y orada del Evangelio de Lucas (por ser el más cercano). Seguir los pasos de Jesús hace más sencilla y humilde nuestra vida. Nos invita a seguir el camino que Él ha recorrido, haciendo el bien, siempre caminando junto a Él. Él nos acompaña conociendo nuestras limitaciones, dificultades, perdonando nuestros errores, animándonos, dándonos aliento para levantarnos y seguir adelante. 

En estos momentos de dolor y de mucho desconcierto, las palabras del evangelio son ruta segura para el encuentro con el Dios vivo y leal, que nunca abandona, y son piso firme de nuestra esperanza.

TAREA:

  1. Contemplación. Leo el evangelio y reposo en cada una de sus expresiones. Jesús es la revelación del Padre. Quedo contemplando y compartiendo la alegría de Jesús porque el Reino se va construyendo. En medio de tantas angustias e incertidumbre, me hago consciente de lo mucho de bondad que me rodea…

  2. Examen. ¿Cómo está actuando en mí el buen Espíritu de Jesús? ¿Qué resistencias y pasividades prevalecen? ¿Hacia dónde me está  llevando? ¿Qué sentimientos me quedan dentro de mí?

Termino la oración pidiendo fuerzas y gracia para  vivir como hermanos, y a seguir ayudando a otros en ese camino.  Repito el Salmo 114.

  1. Me propongo conocer más cómo era la vida de Jesús, y me propongo leer despacio el evangelio de Lucas, contemplar las escenas y pedir conocimiento del modo de Jesús.

EL EVANGELIO DE MATEO (11, 25-30)

 En aquel tiempo, tomando Jesús la palabra, dijo: «Yo te bendigo, Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque  has ocultado estas cosas a sabios e inteligentes, y se las has revelado a pequeños.  Sí, Padre, pues tal ha sido tu beneplácito.  Todo me ha sido entregado por mi Padre, y nadie conoce bien al Hijo sino el Padre, ni al Padre le conoce bien nadie  sino el Hijo, y aquel a quien el Hijo se lo quiera revelar.  Vengan a mí todos los que están fatigados y sobrecargados, y yo les daré descanso.  Tomen sobre ustedes mi yugo, y aprendan de mí, que soy manso y humilde de corazón; y hallarán descanso para sus almas.  Porque mi yugo es suave y mi carga ligera.» 

Esta versión del Salmo 114 recoge el espíritu del evangelio de hoy:

“Me ensalzarás, hijo mío, a quien quiero. Cada día hablarás bien de mí, que eso es bendecir. 

Días tras día, dirás mi nombre, y lo que digas será bueno. 

Yo soy clemente y misericordioso, soy lento a la cólera y rico en piedad. 

Quiero a todos, de verdad. Y miro con ternura a cada una de las criaturas de este mundo. 

A las plantas, a los animales, a la creación entera. 

Y, por supuesto, a cada persona, diferente, única, especial, y llena de posibilidades. A todos quiero. 

Ojalá cada criatura tenga un corazón agradecido, porque eso será señal de que sienten lo bueno que hay en sus vidas. 

Hablen bien de mí,  los que se llaman fieles. Que ser fiel es estar unido, es guardar una alianza, es compartir y apostar por un mismo proyecto. Ese proyecto es mi reino. 

Ojalá con tu bendición hables de ese reino, donde la mayor de las hazañas es el encuentro de una humanidad reconciliada y plena. 

Créeme, yo soy fiel a mis palabras, a lo que he prometido, y en lo que hago busco el bien. 

 

Si alguien va a caer, yo le sostengo. Enderezo a quienes ya se doblan. “

Domingo 28 – 6 – 20 TO/13 A
T E X T O S: 2Re 4,8-11.14-16; Rm 6, 3-4. 8-11; Mt 10, 37-42

En los evangelios aparece que la gente se acercaba a Jesús, lo seguía con hambre por sus palabras y por sus gestos de curación. Se amontonaban como ovejas sin pastor. Jesús sentía compasión por ellos, le dolía el estado de indefensión y desamparo en el que se encontraban. Había una real sintonía, pues el mensaje de la Buena Noticia llegaba hasta ellos y era recibido con gozo. 

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