Textos: Jer 20, 10-13; Rm 5, 12-15; Mt 10, 26-33

Hoy se celebra el día del PADRE. Felicitaciones y una oración con el deseo profundo de que se asuma la presencia y compromiso de ser en verdad padres, que manifiesten la responsabilidad, el amor y cuidado para con su esposa, sus hijos e hijas.

Junto a la celebración gozosa y agradecida del anuncio de José Gregorio Hernández como Beato, seguimos en el país con una situación sumamente grave: quiebre de las instituciones ciudadanas y del estado de derecho, empobrecimiento creciente, incertidumbre y amenaza del Covid-19 que nos mantiene confinados en casa en el cuarto mes.

¿Qué podemos decir sobre la situación que estamos viviendo desde la fe, iluminados por los textos de las lecturas de hoy? El Evangelio de hoy comienza con un llamado a no tener miedo. Jesús insiste a sus seguidores a que no tengan miedo: “No teman a los hombres”. Estas palabras de Jesús se repiten en diversos contextos del evangelio. 

No nos debe sorprender que sintamos miedo ante un peligro real, que en estos momentos es parte de la cotidianidad de uno. Hay un miedo sano, en tanto nos pone en alerta y nos permite reaccionar para tomar la vida con mayor sentido y seguridad. Sin embargo, hay miedos que nos hacen daño, pues nos paralizan y nos detienen e inhiben, anulando nuestra creatividad y ahogando nuestra posibilidad de amar. No pocos estamos en este estado de miedo instalado en nuestros corazones.

La fe no es un remedio psicológico para combatir los miedos. No podemos resolver los problemas desde una fe ingenua, pues debemos estar conscientes de la fuerza del mal que está operando en nuestra cotidianidad. Pero desde la fe profunda estamos conscientes de que no estamos solos y abandonados. 

  • Esta fe se traduce en la confianza radical en un Dios Padre que con su amor sin condiciones y su lealtad, nos ofrece el fundamento para afrontar los miedos y construir la vida con justicia y paz.

  • Esta fe firme en Dios no lleva a evadirnos o a una pasividad ante la situación que vivimos, sino a tomar decisiones y asumir responsabilidades con coraje. Nos hace capaces de asumir riesgos y renuncias para mantenernos fieles a nosotros mismos con dignidad. 

  • Esta fe fundamenta la audacia y creatividad que nos demanda la Venezuela que pretendemos construir.

  • Esta fe en Dios llena el corazón de fuerza para vivir con generosidad y nos dispone a asumir los riesgos.

  • Esta fe confiada en Dios es piso firme para superar las actitudes de cobardía para luchar con audacia y libertad contra las injusticias y maltratos presentes.

 

Desde esta fe, estamos llamados a proclamar el mensaje fundamental del Evangelio: “…lo que les digo de noche, repítanlo en pleno día, y lo que les digo al oído, pregónenlo desde las azoteas”. Debemos ser testigos de la verdad que ilumina la situación, que en Venezuela todos somos hermanos, hijos de un mismo Padre; que solo el amor construye y que el odio mata, divide y destruye. Si queremos una Venezuela en la que quepamos todos en paz, debemos desterrar el odio y el revanchismo de nuestros corazones. Tendrá que haber espacios e instancias para la justicia para que se aclaren los crímenes, pero la actitud personal debe ser de humilde apertura y de reconocimiento de los pecados sociales en los que hemos estado envueltos. 

Necesitamos vivir con esperanza y con una fuerza que dé sentido al quehacer diario, a las luchas y compromisos. Necesitamos una verdad que nos fundamente para vivir y una confianza amorosa para morir. Nos tenemos que convencer de que todos somos necesarios, y agradezcamos la inmensa generosidad de toda la gente que nos acompaña en la construcción de una convivencia digna y pacífica. Seguro que el Beato José Gregorio Hernández tiene en su corazón y en sus manos su país, por el que tanto trabajó para que tuviera vida. Confiemos en su ayuda para vivir en verdad y esperanza.

Escuchemos de nuevo las palabras de Jesús: “No tengan miedo”. La fe profunda con la que hemos sido regalados es fuerza contra todo miedo, audacia para seguir creyendo, compromiso para luchar por la justicia y confianza sin condiciones en el Padre que nos acoge a todos, sin exclusiones, como hijos e hijas. 

 

TAREA:

  1. Contemplación. Lean y recorran el texto del Evangelio y extraigan las palabras que les resuenan.

  2. Examen. Recorran los siete pasos propuestos y se detiene a examinar aquél que sea un reto para ustedes.

 

DEL EVANGELIO DE MATEO (10, 26-33)

No les tengan miedo. Pues no hay nada encubierto que no haya de ser descubierto, ni oculto que no haya de saberse.  Lo que yo les digo en la oscuridad, díganlo ustedes a la luz; y lo que oigan al oído, proclámenlo desde los terrados.  Y no teman a los que matan el cuerpo, pero no pueden matar el alma; teman más bien a Aquel que puede llevar a la perdición alma y cuerpo al lugar del castigo.  ¿No se venden dos pajarillos por un as? Pues bien, ni uno de ellos caerá en tierra sin el consentimiento del Padre.  En cuanto a ustedes, hasta los cabellos de su cabeza están todos contados.  No teman, pues; ustedes valen más que muchos pajarillos. Por todo aquel que se declare por mí ante los hombres, yo también me declararé por él ante mi Padre que está en los cielos; pero a quien me niegue ante los hombres, le negaré yo también ante mi Padre que está en los cielos. 

 

ORACIÓN   DEL SALMO 27

 

El Señor es mi luz y mi salvación, ¿a quién temeré?

El Señor es el refugio de mi vida, ¿por quién he de temblar?

Aunque acampe contra mí un ejército, mi corazón no teme;

aunque estalle una guerra contra mí, estoy seguro en ella.

 

Que el Señor me dará cobijo en su cabaña en día de desdicha;

me esconderá en lo oculto de su tienda, sobre una roca me levantará.

Dice de ti mi corazón: «Busca su rostro».

Sí, Señor, tu rostro busco: No me ocultes tu rostro.

No me abandones, no me dejes, Dios de mi salvación.

 

 Si mi padre y mi madre me abandonan, el Señor me acogerá.

 Enséñame, Señor, tu camino, guíame por senda llana,

¡Ay, si pudiera contemplar el rostro del Señor en la tierra de los vivos!

 Espera en el Señor, ten valor y firme corazón, espera en el Señor.