T E X T O S: 2Re 4,8-11.14-16; Rm 6, 3-4. 8-11; Mt 10, 37-42

En los evangelios aparece que la gente se acercaba a Jesús, lo seguía con hambre por sus palabras y por sus gestos de curación. Se amontonaban como ovejas sin pastor. Jesús sentía compasión por ellos, le dolía el estado de indefensión y desamparo en el que se encontraban. Había una real sintonía, pues el mensaje de la Buena Noticia llegaba hasta ellos y era recibido con gozo. 

Jesús quiere la felicidad de todos. Su vida fue un pasar haciendo el bien, porque la fuerza de Dios estaba con él. Le vemos combatiendo las enfermedades, las injusticias y la desesperanza. Con su presencia, su palabra y sus acciones, daba fuerzas para vivir. El Dios de Jesús nos pone a mirar al que sufre, no tolera el sufrimiento humano. No quería ver sufrir a nadie.

Jesús encontró fuertes rechazos y oposición en su misión de construir un mundo según el corazón de Dios. Su vida estuvo sembrada de cruces, pero no le impidieron seguir sembrando y trabajando por construir un mundo más humano, por el Reino del Padre. No andaba buscando cruces, pero las iba aceptando como consecuencia de su misión. Por eso dice a sus seguidores, “el que no toma su cruz y me sigue, no es digno de mí”. 

Venezuela es un campo sembrado de cruces: pobreza, indefensión, impunidad, violencia, muertes... Hay mucho sufrimiento no querido por Dios. Los seguidores de Jesús y todas las personas de buena voluntad estamos llamados a tomar la cruz, a cargarla para poder aliviar tanto dolor. ¿Cómo cargar la cruz hoy en Venezuela?  Cargar la cruz hoy significa:

  1. Abrir los ojos. Abramos los ojos, tomando conciencia de lo que nos rodea. Ojos de misericordia y cercanía.  Nos detenemos en el sufrimiento de los que no tienen qué comer, en los enfermos sin medicinas ni atención, tantas muertes en los centros de salud o en las protestas, en los encarcelados y aquellos condenados por el hecho de ser ciudadanos responsables, en la impotencia ante los abusos del poder y en sentirse pisoteado. Demasiado dolor, demasiado sufrimiento.

  2. Indignarnos. Esta situación del país debe llevar a una profunda indignación. Indignación que se traduce en compromiso. Indignación que debe traducirse en un dinamismo de respuesta que busca cambios radicales, en ponerse en movimiento para ir a las causas de tanto mal y poderlas revertir. Compromiso como forma concreta de vivir que marca toda la vida.

  3. Dar vida. Invitados a darse, a ofrecerse como personas, con sus cualidades y su tiempo.  Aprendamos a dar lo que está vivo en nosotros y pueda dar vida a los demás; demos nuestra alegría, comprensión, aliento, esperanza y cercanía, junto con nuestras competencias.

  4. Ser incluyentes. Sentirse parte de un cuerpo mayor en solidaridad. Nos tenemos que convencer de que todos somos necesarios, que aprendamos a sumar, que agradezcamos la inmensa generosidad de la gente, aunque no se les considere ni sean afines a lo que pensamos, pero que trabajan por la construcción de una convivencia en justicia y paz para todos los venezolanos. Seamos profundamente inclusivos.

  5. Formarnos para ser competentes. Las buenas intenciones no son suficientes para el trabajo de la reconstrucción del país. Se necesita una preparación profesional teórica y práctica para enfrentar y abordar la complejidad de los problemas. La formación profesional es una prueba de la seriedad del compromiso que se asume.

  6. Abrir el corazón. La superación de esta realidad requiere una avalancha de humanidad. Hay que recuperar el respeto por las personas e instituciones; la honradez en la vida pública, profesional y personal; manos y brazos abiertos para el que no sea de las “nuestros”; sentido de justicia sin revanchismos; reconciliación nacional para una convivencia en paz. Solo el amor construye, el odio mata, divide y destruye. Una Venezuela sin presos políticos, y con horizontes de vida digna, que invite a regresar a tantas familias y jóvenes que han salido más allá de las fronteras.

Estamos llamados a ser “…ojos para descubrir las necesidades de la gente, oídos para escuchar su sufrimiento, pies para acercarse a quien lo necesita, manos para tenderlas a quien necesita ayuda y, sobre todo, un corazón grande donde cabe todo ser desvalido” (Pagola).  Jesús nos dice que nada queda sin recompensa, “ni siquiera el vaso de agua fría que se da a uno de estos pequeños…  yo les aseguro que no perderá su recompensa.”

TAREA.

  1. Contemplación.  Lectura del texto del evangelio. ¿Cómo resuenan en mí cada una de las frases?

  2. Hagamos un balance. ¿He aprendido a llevar las cruces de la vida? ¿Soy un utópico que espera una vida sin dificultades ni dolores? ¿Qué cosas que rechazo me harían ser mucho más persona y, a la larga, mucho más feliz?

 

DEL EVANGELIO SEGÚN SAN MATEO (10; 37-42)

 «El que ama a su padre o a su madre más que a mí, no es digno de mí; el que ama a su hijo o a su hija más que a mí, no es digno de mí.  El que no toma su cruz y me sigue detrás no es digno de mí.  El que encuentre su vida, la perderá; y el que pierda su vida por mí, la encontrará.  «Quien a ustedes recibe, a mí me recibe, y quien me recibe a mí, recibe a Aquel que me ha enviado.  «Quien reciba a un profeta por ser profeta, recompensa de profeta recibirá, y quien reciba a un justo por ser justo, recompensa de justo recibirá.  «Y todo aquel que dé de beber tan sólo un vaso de agua fresca a uno de estos pequeños, por ser discípulo, les aseguro que no perderá su recompensa». 

 

ACCIÓN DE GRACIAS

Te damos gracias, Padre santo

por Jesús, tu pan, tu vino

por quien te hemos conocido,

por quien sabemos vivir,

por quien mantenemos la esperanza,

por quien podemos sentirnos como hermanos.

Te damos gracias porque hace muchos años que le conocemos, 

le queremos, le seguimos.

Te damos gracias porque sin Él nuestra vida no sería lo que es.

Te damos gracias porque es para nosotros luz para el camino, 

alimento para el trabajo, ilusión para el futuro.

Te damos gracias porque la fuerza de tu Espíritu 

le hizo Pastor, Semilla, Agua, Fuego, Vino, Pan,

Te damos gracias porque la fuerza de tu Espíritu 

le hizo pobre, humilde, valeroso, compasivo.

Te damos gracias porque gracias a Él nuestra vida de tierra se transforma 

y nos hacemos Hijos, trabajamos en tu Reino, y sabemos esperar y perdonar.

Te damos gracias, Padre, por Jesús, tu Hijo, nuestro Señor.