TEXTOS: 1Re 3, 5-13; Rm 8, 28-30; Mt 13, 44-52

Llegamos al final del curso escolar y de las misas ignacianas. Misa de agradecimiento por el curso 2019-2020.

El modo que tiene Jesús de llamar la atención de los discípulos es relacionar el Reino con realidades sumamente apreciadas por los oyentes. Hoy el evangelio nos presenta varias de ellas. Voy a tratar de presentar las dos primeras: la del tesoro escondido y la de la perla preciosa.  Comienzan ambas con la frase de “el Reino de los cielos se parece a…”. Los objetos a los que se le parece son un tesoro y una perla, los dos de gran valor. Tanto es así que cada uno pone en venta todo lo que tiene para comprarlas. No dudan un instante para tomar la decisión.  El Reino para aquellos que lo descubren, es un tesoro, una perla fina, de un valor absoluto, que llena las expectativas más profundas de las personas, y por el que merece darlo todo lo que uno tenga. 

En la primera parábola, no supone ningún sacrificio, ni renuncia la venta de todo para comprar el terreno del tesoro. Lo hace lleno de alegría. La alegría es el signo de los que optan por el Reino. El sentirse llamados y elegidos les llena de tal manera que no caben lamentos y sentimientos de pesar. Así reaccionan los que descubren el tesoro del Reino de Dios.

Estas dos parábolas nos ponen a los cristianos contra la pared.  Vamos a preguntarnos si hemos descubierto en nuestras vidas el Reino, como tesoro escondido, perla preciosa. No basta con ser buena gente, con buen corazón, cumplidores de lo que está establecido. Jesús nos quiere sacar de un estado de complacencia, para plantearnos algo más radical. El Reino es tesoro, el Reino es perla, por los que merece darlo todo. Es un salto hacia delante en la vida, donde todo cambia. 

Lo que preocupaba y llenaba la vida, pierde sentido. Una nueva realidad se impone, el Reino, es decir, establecer el plan del Padre en medio de la humanidad, donde prevalezca la fraternidad y la justicia. Este Reino que propone Jesús, no se establece con revoluciones, ni con violencia, sino que es como una semilla de mostaza, pequeña, pero con potencial para generar un arbusto; es como la levadura que se mezcla con la masa, que se pierde en medio de ella, pero que fermenta y da consistencia. El Reino de Dios no es ostentoso. Su grandiosidad reside en las transformaciones humanas que produce, en la alegría y en el gozo que llena las vidas de los que se esfuerzan en construirlo, en el establecimiento de una convivencia sana y pacífica, libre y fraterna.

El evangelio no indica cuál fue la reacción de la gente, pero los discípulos guardaron estas palabras, y las comunidades cristianas las siguieron recordando, como el núcleo de la misión de Jesús. Progresivamente fueron comprendiendo que el Reino de Dios se identificaba con el mismo Jesús. Esta es la fe que hemos recibido. La persona de Jesús es el tesoro escondido, la perla preciosa. Es el centro de nuestra fe, lo más importante que tenemos, camino, verdad y vida. El encuentro con él cambia la vida, la llena de gozo y de paz.

A su vez, la Iglesia, como pueblo de Dios, no puede renovarse si no descubre el tesoro y la perla que es el Reino de Dios.  El proyecto que vino a traer Jesús de hacer un mundo más humano, reclama nuestras vidas. Este es el llamamiento de Jesús a sus seguidores, que con tanta frecuencia andamos distraídos en el cumplimiento de prácticas y costumbres que nos hacen olvidar del verdadero núcleo del evangelio. Por eso, la tarea que hoy es un examen.

Tarea. Examen

  1.  Releo las parábolas.  Reviso mi vida, ¿Cuáles son los absolutos de mi vida por los que vale la pena darlo todo? ¿Ha habido algún acontecimiento o persona que ha conmovido mi vida, de modo que la haya hecho cambiar?  ¿Tengo la sensación de que en mi vida no ha habido ningún descubrimiento ni de tesoro ni de perla fina? ¿Qué lugar ocupa el Reino de Dios en mi vida? ¿Cómo se ubica mi fe con respecto a la persona de Jesús?

  2. Si ésta es la fe de la Iglesia, ¿por qué hay cristianos que ni siquiera han oído hablar de ese proyecto que Jesús llamaba “reino de Dios”? ¿Por qué no saben que la pasión que animó toda la vida de Jesús, la razón de ser y el objetivo de toda su actuación, fue anunciar y promover ese proyecto humanizador  del Padre: buscar el reino de Dios y su justicia?

  3.  ¿Qué experiencia de Dios comunicamos? ¿Qué imagen transmitimos del Padre y de su reino? ¿Atraemos los corazones hacia el Dios revelado en Jesús? ¿Los alejamos de su misterio de Bondad?

Todas estas preguntas y otra más pueden ayudarnos a situarnos ante la conmoción que Jesús sigue provocando a sus seguidores a través de las parábolas.   

DEL EVANGELIO DE MATEO (13:44-52)

“El Reino de los Cielos es semejante a un tesoro escondido en un campo que, al encontrarlo un hombre, vuelve a esconderlo y, por la alegría que le da, va, vende todo lo que tiene y compra el campo aquel.  

También es semejante el Reino de los Cielos a un mercader que anda buscando perlas finas, y que, al encontrar una perla de gran valor, va, vende todo lo que tiene y la compra.  

También es semejante el Reino de los Cielos a una red que se echa en el mar y recoge peces de todas clases; y cuando está llena, la sacan a la orilla, se sientan, y recogen en cestos los buenos y tiran los malos. 

Así sucederá al fin del mundo: saldrán los ángeles, separarán a los malos de entre los justos y los echarán en el horno de fuego; allí será el llanto y el rechinar de dientes. ¿Han entendido todo esto?”   Le dicen: “Sí.”  - Y él les dijo: ”Así, todo escriba que se ha hecho discípulo del Reino de los Cielos es semejante al dueño de una casa que saca de sus arcas lo nuevo y lo viejo.”  

 

TAREA VACACIONAL

Les voy a presentar una propuesta de PLAN VACACIONAL para cultivar esa vida interior, en el espacio de confinamiento que tenemos por delante en las vacaciones, vayan manteniendo el compromiso de ir conociendo más a Jesús, y su propuesta de Reino por la que quiere que todos nos amemos como hermanos. Nos concentramos en el Evangelio según San Lucas. 

  1. Cada semana leemos pausadamente un capítulo de Lucas. Procuremos que esta lectura sea en familia para que sea una fe compartida.

  2. No tengamos prisa en terminar la lectura. Si tenemos oportunidad repetimos la lectura varias veces, hasta que el relato se nos haga familiar, o nos quedamos en el pasaje que más llama nuestra atención.

  3. Puestos delante del Señor, reflexionemos qué nos dicen estos relatos para nuestra situación concreta como familia, como esposo, como padres, como hijos, como ciudadanos.

  4. Presentemos al Señor lo que concluyamos y le pedimos que nos de la fortaleza para seguirle.